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Qué será de nosotros

Cuando te miro, totalmente absorta, con esta dulce música de fondo, me pregunto qué será de nosotros. Cuando te miro, amor, y no consigo encontrar un ápice de tu ser que no me parezca absolutamente perfecto, me pregunto, qué es lo que pasará.


Qué pasará, el día en que mi cuerpo ya no tenga esa chispa intrínseca a la novedad, en el que hoy te pierdes y exploras como si de un bosque encantado se tratara. Qué pasará, el día en que estos ojos tuyos que hoy me miran, no causen esta explosión casi insostenible en mi interior, que desata tal intensidad, que me desbordo, navegando entre la alegría y el miedo a perderte. 
Cómo sostendremos el saber que la transformación es inevitable?


Que tu y yo, amor, trascendamos ese cambio, dependerá de qué permanece el día en que la química se diluya, el día en que sepamos que este baile loco de hoy, terminó. Y quién sabe. Quizás queramos seguir en ese andar más sereno, más de compañeros, más de amigos, también de amantes y muy de cómplices. En un andar donde existan destellos y la estela que rememore los primeros tiempos.

Amando, y cuidando nuestras luces y nuestras sombras. Porque al que amo hoy, yo sé, no es del todo real. Porque a la que amas hoy, deberías saber, no es del todo real. Sabiéndolo, tal día, la caída quizás será mas suave, y con suerte, nos amaremos mejor.

Ser la teva mare

Hi va haver un dia que vaig ser filla. I hi havia uns braços tebis que acollien les meves alegries, la ràbia, el dolor i la por a un món que ni tan sols coneixia.

Així era aprendre a viure, sentint, sorprenent-me, jugant, caient a terra i tornant-me a aixecar. I els teus braços, mare, éren els que em van ajudar a sostenir aquella intensitat, aquella escalfor de la sang viatjant per dins meu. Vida. Sentir, riure, plorar, cridar. I sempre, aquelles teves mans calentes, el silenci i la pau abans d’anar a dormir.

Mare, vaig projectar en tu una dona que ho podia tot. Que podia arrencar els meus mals amb una abraçada, que tenia la màgia absoluta de fer que les ferides deixéssin de coure, arraulida al teu llit. 
I ara, mare…la mare sóc jo. Quin viatge de tornada tan intens. Quan veig aquests petits ulls mirant-me, en la justa distància que amb prou feines em fa humana. En aquella distància que em converteix en la fetillera de tots els contes existents, en la fada madrina i la llum de tots els estels de cop. Quina feina tinc per endavant, per explicar als meus fills que jo encara ploro, i que l’amor és l’únic que mai els podré negar. Quina feina tinc en acceptar que un dia els caurà el mite i m’odiaran una miqueta. I en aquell punt t’entendré també a tu, mare, i a les teves imperfeccions. I el temps serà el bàlsam que tanqui el cercle, amortitzant l’impacte que em va causar descobrir que tu, mare, també érets humana.

Ya no te escondo

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Antes, cuando te miraba, sentía rabia. Porque aparecías en el peor de los momentos. Porque por más que trataba de esconderte, salías a la luz a pasearte, avergonzándome, cuando menos lo necesitaba. Y entorpecías mi camino, porque al intentar empequeñecerte, te revelabas, augmentando aún mas tu tamaño, haciéndote dueño de mi vida.
Hubo un día que, ya cansada, y por probar, me senté delante tuyo, y simplemente, te escuché.
Y de repente, eso a lo que temía, aquello que tanto pretendía esconder, tenía sus propias razones de ser. Y tuve ganas de abrazarte, de pedirte disculpas, porque ví que solo buscabas el lugar que te correspondía. Solo querías ser visto.

Te pido disculpas, sombra. Porque creo que nunca había caído en la cuenta de lo tierno de tu esencia, y de lo importante que eres para mí.
Desde entonces, respetas mucho más mi espacio. Desde que te miro, y te escucho, no te enfadas ni sales sin avisar. Bueno. Ya no lo haces tanto.

Y últimamente, incluso me atrevo a hablar del monstruo que vive en mi casa, ya no en el sótano, sinó en un lugar digno.

Esa es mi sombra, esa es mi herida. Y esa soy yo también, guste a quién guste.

Lo que esperas de mí

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Proyecto contínuamente mis expectativas fuera, en el otro. Como si algo hubiera ahí, que va a salvarme la vida.

Como si tú, lo tuvieras todo para hacerme feliz… Como si todo el sufrimiento se desvaneciera por el mero hecho de que te quedes a mi lado.
Y eso, difícilmente va a funcionar. Ni tú llevas la responsabilidad de hacer posible mi felicidad, ni yo tengo tanto poder como para hacerte infeliz.
El intercambio sucede más liviano si no pretendo cargarte con el peso de mis expectativas, y si en vez de esperar a que las cumplas, me pregunto cómo fué que sigo siendo como un niño, esperando que la mano de alguien tenga la capacidad de llevarme al paraíso.
Son mis pasos, y no los tuyos, los que configuran mi camino, y qué bien, amor, si los tuyos, desean acompañarme…

Marta Esteve.