Zona de confort

En mi zona de confort hay algo sutil, silencioso, que se mueve en la profundidad. Es algo que habla, pero podría vivir toda la vida sin escucharlo. Es algo que se siente, pero es fácil disimular y hacer ver que no existe.


Hasta que un día ocurre algo. No sabemos por qué, pero ocurre. Puede tener forma de persona, de viaje. Puede aparecer como una dificultad profunda en seguir formando parte de algo, o puede ser una pérdida, una oportunidad. No sabemos por qué, pero ocurre, sí. La vida es así de curiosa. Vivencias exactas que nos motivan a salir de ese lugar tan conocido. Oportunidades disfrazadas de conflicto, incluso de molestia. Y entonces, sucede. Se desata la guerra dentro del cuerpo. El miedo y la esperanza entran en una batalla incansable. Y tú miras en la distancia, en el borde de un abismo que parece amenazarte con una caída sin final. Pánico, parálisis, pasos que deshacen el camino que llegó hasta aquí. Boicot, resistencia.


Pero amigo, amiga. Qué vinimos a hacer al mundo, si no es vivir? Experimentar, soltar lo que no nos mueve? 
Y tras ese abismo, al otro lado, espera la fertilidad de la incerteza. El lugar donde hay lo nuevo haciéndose posible. Y no, no es seguro, te lo aseguro. Y qué suerte tenemos de que así sea.